Gastronomía para morirse

Mi último trabajo formal durante cinco años fue en una funeraria.

Sí, aunque no lo creas, no soy todo recetas, tips, vino y cervezas… también estuve a cargo de los fiambres.

La muerte es rara. Despierta todo tipo de sensaciones imposibles de manejar, porque lo que es… Click To Tweet

Traicionera, llega en el momento que no la esperabas. Te descoloca, te marea, te deja sin respiración. Pero una vez pasado ese primer momento volvés a la realidad. Y en todo ese gasto de energía aparecen las ganas por reponer calorías.

Desde grandes sociedades hasta pequeños grupos de personas, las costumbres a la hora de la ceremonia alrededor de la muerte son todas muy diferentes. Puedo contarles desde la costumbre de los judíos que purifican el cuerpo lavándolo antes de ingresar a la tierra, como de los bolivianos que siempre velan al familiar en la casa (a esto se llama Capilla Ardiente) y no se retiran del cementerio hasta que el ataúd queda completamente cubierto de tierra.

A la hora de comer, pasa lo mismo.

Los buffets norteamericanos son los más conocidos por el público gracias a la influencia de la tele y el cine. ¡Si habremos visto los sepelios casi similares a un Bat Mitzvá con toneladas de comida a metros del ataúd con el cuerpo embalsamado (algo bastante común que se realiza en los países que sobra efectivo y ganas por velar un tiempo extendido)! Sí… a ese proceso se lo llama Tanatopraxia. Ideal para que no se descomponga y les de tiempo para probar la mesa fría, los platos calientes, y ¿por qué no, algo dulce?

El sepelio lo viven (aunque suene raro usar esa palabra para definirlo) como un evento social más. Un poco por ese pragmatismo y desinterés por el dolor ajeno que se reduce a “que sufra el pariente, yo vengo a morfar”, otro poco porque básicamente tienen razón, los deudos se van a olvidar de la mayoría de los que fueron ese día a acompañarte, y no podés hacer mucho por eso, así que mejor encará el velatorio como una reunión donde tenés que mostrar la misma alegría que en un encuentro con tus compañeros de la secundaria, la risa al mínimo indispensable, comer, e intentar irte sin que lo note la mayoría, así no queda como que lo único que te importaba era llenarte el buche.

Bueno, en Argentina no se acostumbran los buffets; nadie va a un sepelio a manducar sanguchitos ni medialunas de manteca secas como alfombra de aeropuerto… quizás porque la gente todavía tiene cierta imagen negativa y tabú alrededor de los sepelios.
¡Ojo que no estoy diciendo que la muerte no sea algo negativa!

Simplemente es una etapa más de la vida, triste, pero no deja de ser parte del camino. En todo caso veo más triste la depresión, no querer comer, no querer tomar, no querer trabajar, ni tener ganas de vivir.

Tomemos en cuenta la siguiente situación: 18 horas velando a un pariente. Sería raro no tener hambre. Seguramente te quieras comer hasta los almohadones de la sala velatoria.
Ahí es donde aparece la azafata (así es como se llama al personal que te atiende en el velatorio) para servirte un sanguchito de miga y unas medialunas con un café común y corriente y alguna que otra galletita.

¿Por qué no desarrollamos una mejor gastronomía para estos momentos tan especiales?

En parte porque ya los precios de los sepelios son un tanto elevados, y también porque es tabú pedirse una pizza, unas empanadas, o mismo una porción de brownie con un café Nespresso.

¿Qué tiene de malo en tener hambre y comer algo rico? ¿O acaso tenemos que sufrir comiendo sánguches de miga vacíos de sabor al igual que sufren los parientes más cercanos al difunto?

Las veces que presencié un sepelio de la comunidad boliviana noté, además de respeto, menos angustia. Dolor hay siempre, pero el sepelio era menos sufrido. Una mesa larga, cosas para comer, ahí nomás del ataúd entre las luces que a veces titilaban. Por un lado uno piensa que está siendo parte de un corto del BAFICI. Pero no, es una costumbre, y mientras nosotros tomamos café quemado y comemos medialunas medio secas del día anterior ellos están ahí, dándole amor a sus familiares con morfi… y rico…

La costumbre en Bolivia (y a veces traída por la comunidad a nuestro país) es así: la cena durante el velatorio suele ser una cena liviana de la que está a cargo el doliente, una sopa, un guiso. A la mañana se toma café, se lleva el cuerpo al cementerio, pero previamente los parientes trajeron carnes, fideos, arroz, verduras, que después del sepelio serán utilizados para cocinar en la casa del difunto y así ofrecer un almuerzo para todos. Muchas veces un cocinero o una cocinera se ofrece para ocuparse de esta tarea mientras los familiares van a despedirse, una especie de ofrenda.

Hay otra costumbre un poco más antigua, digamos, milenaria, en la que se llevan cabezas de cordero la noche del sepelio, se cocinan con verduras como un puchero, y se comen, SALVO, los ojos. Al final de la noche se prende una fogata y se incineran los ojos. Esta ya es una costumbre más arraigada de los pueblos chicos, pero que bien tiene que ver con la gastronomía, y la muerte.

El catering en sepelios criollos no pasa de sanguchitos de miga, facturas, café y gaseosa. Igual no entiendo qué diferencia hay entre sanguchitos de miga y un árabe de roastbeef, o las facturas y cuadraditos de petits fours, dignos de pastelería de Osvaldo Gross. No te digo que hubiera pedido un martini, pero un café con un poco más de onda que agua hervida y torrado del Makro habría sido una gloria. Y mirá que no te pido un Moca Blanco de Starbucks, te pido un capucho de polvo, o al menos tener algo para ponerle.

¿Qué diferencia hay entre un paquete de triples de miga surtidos y una picada de violenta que te saque esa lágrima reconfortando el corazón? Para colmo si encontrás una cochería que te tueste los triples, ya te tenés que considerar dichoso de tocar el cielo con las manos, porque normalmente venían fríos de heladera.

Hablando con Allie, del blog Pick Up the Fork, me contaba que en USA, si el sepelio es judío, la gente lleva su comida (y mucha comida) o sino compran en Delis locales, típicos restaurantes de gastronomía judía de cada ciudad.

Los caterings para sepelios tiene que ser simples y dignos, tener un buen precio y ser enviados al domicilio o al lugar del velatorio de forma sutil, cuidando y respetando a la familia. Los menues incluyen comidas para celíacos, vegetarianos, alergias conocidas, diabéticos, todo pensado para cada familia y en general incluyen, además del café, diferentes tés, infusiones herbales, bebidas frías como calientes.

13 a 20 U$S por persona para servicios de catering de canapes, scones, petit fours, sánguches, y hasta blinis de salmón con alcaparras, cebolla caramelizada, queso azul, o salchichas caseras y rolls de vegetales, sin incluir el personal y agregados de bebidas como ponche, vino, espumante, tés, cafés. El menú se puede organizar en función de cada necesidad, y tienen muy buena flexibilidad a la hora de cambiar detalles.

Mientras acá los sepelios son tristes, oscuros, llenos de amargura y poco sabor, yo pienso ir al cementerio un fin de semana de estos, con un sanguchito hecho con mi pan integral, un toque de queso brie, algo de cebolla caramelizada, algunos tomatitos secos y rúcula, un buen Merlot, dos copas, y servirme una y servirle una a mi viejo dejándola ahí en su lápida, que bien se merece compartir ese momento sibarita con su hijo.

Porque lo doloroso de la muerte es pensar que no podemos volver a compartir un momento con esa… Click To Tweet

Estoy en desacuerdo… Yo la copa se la sirvo igual… Salú’, viejo.

 

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