La cocina que cura

Hacía 7 años que no me engripaba así. Casi 4 días completos por encima de los 39 grados y una tos que hacía ladrar a los perros.

Obviamente te sentís mal y lo primero que hacen es medicarte hasta que se te apagan los riñones, y el hígado saca la bandera blanca. Drogas y más drogas, todas más sintéticas que canción de Depeche Mode de los 80’s.

Y en el medio nos olvidamos de que, muchas veces, la mejor cura es la comida.

Hace varios podcast atrás hice incapié en la gastronomía coreana y como hacen ellos para asociarla con la salud de cada órgano de nuestro cuerpo. Esto no es nada nuevo para nuestra cultura, ni las demás culturas tanto occidentales y orientales. No creo que los coreanos hayan inventado la comida que cura, pero sí son ellos los que siguen manteniendo su gastronomía en función de la salud, mientras muchas otras culturas se basan más en sabor, e inclusive, costos.

Es más barato comer pan y queso y fin de la cuestión, pero un plato lleno de diferentes verduras que te van a aportar gran parte de los minerales y vitaminas necesarias, si bien es más caro, a la larga salva vidas. Y no lo digo yo que sólo tengo un posgrado en masticar milanesas. Lo dice la ciencia.

Este podcast surgió, como la mayoría, por un disparador. Mi mujer me manda por whatsapp un link y en ese link leo una nota en inglés con la explicación de por qué la sopa de pollo es buena para la gripe.

Según el National Institutes of Health la sopa como cura para la gripe se viene usando desde el siglo XII. Explicaba la Dr. Keri Peterson que la sopa de pollo ayudaría, en un principio, a descongestionar los conductos nasales reduciendo la sinusitis.

Como segunda ventaja, la hidratación mediante una sopa nos da un par de empujones a la hora de batallar infecciones. A todo esto, si le sumamos que muchas sopas tienen vegetales y de ellos se puede desprender betacaroteno, esto ayudaría a las desinflamaciones.

Por otro lado, el Dr. Stephen Rennard presentó en el año 2000 un estudio para la revista Chest, en el que demostraba que, personas que tomaban sopa de pollo, inhibían el movimiento de los neutrofilos (un tipo de glóbulo blanco). Según el médico, evitar la migración de estos glóbulos blancos ayudaría en todos los síntomas relacionados con la congestión y respiración, en un proceso gripal.

Obviamente que estos tipos buscaban ese ingrediente que te cure, pero al no encontrarlo, apuntaron a que la combinación de vegetales y pollo, otorgaba la mejor combinación de nutrientes para que nuestro organismo intente curarse por sí mismo.

Pero por si todavía no creen en la magia de la comida para curarse, voy a citar un estudio del Mount Sinai, una clínica de Miami con la que tengo mi historia porque hace más de 10 años caí ahí con un corte en la cabeza que me hice en un viaje laboral, dejemos de lado los detalles así no me siento más idiota de lo que soy.

Aquí evaluaron a diferentes personas que tenían que beber agua fría, agua caliente y sopa caliente. Descubrieron que, en general el líquido caliente aumentaba el movimiento de mocos en las vías respiratorias, pero fue la sopa la que mejoró notablemente el síntoma de congestión, muy por encima del agua caliente.

Si bien ninguno de todos los estudios es concluyente porque no le conviene a las droguerías, deberíamos empezar a tomar en cuenta a la comida como un método para curarnos.

Entonces… ¿cómo podemos hacer para curarnos con la comida?

Informándonos.

Por ejemplo, hablemos de forma rápida sobre los minerales.

Los minerales son esenciales para nuestro organismo porque forman parte de una gran cantidad de procesos de metabolismo y funcionamiento especialmente de los músculos y el sistema nervioso. No es necesario atiborrarse de minerales como si estos fueran a solucionarnos problemas; al contrario de la creencia popular es necesario tener un equilibrio entre todos ellos para que el organismo funcione correctamente.

Uno de los minerales más complicados para asimilar o consumir es el Hierro. Es un mineral que cuesta obtenerlo en buena medida sin caer en exceso de consumo de alimentos muy proteicos como la carne o el huevo. Una forma de asimilar bien el hierro de verduras y legumbres es mezclarlas con un ácido cítrico o con carne para poder aprovechar el hierro de bajo valor biológico (el proveniente de los vegetales). El ácido cítrico (limón, pomelo, naranja, frutilla, kiwi, etc) ayuda a fijar el hierro de los vegetales en el organismo así que la forma ideal sería consumir un buen plato de lentejas y tomarse un jugo de naranjas.

El pescado tiene altos contenidos de calcio y fósforo, aunque suele ser mejor fuente de fósforo que de calcio.

El sodio, un mineral tan odiado, regula el reparto de agua en el organismo e interviene en la transmisión del impulso nervioso a los músculos. El Exceso provoca retención de líquidos, sobrecarga para los riñones e hipertensión arterial. Es importante conocer el contenido de sodio en los alimentos porque la creencia popular dice que si uno no adiciona sal a las comidas reduce el consumo de socio. Sí, es cierto, pero si uno consume latas de conservas, hamburguesas prefabricadas, el consumo de sodio será altísimo sin la necesidad de usar el salero.

El potasio también regula el balance de agua en el organismo como el sodio, pero ayuda principalmente a la contracción de los músculos. Se lo encuentra en frutas y verduras frescas y en legumbres.

Ahora, el Magnesio es otro de los minerales encargados de nuestro funcionamiento eléctrico que también ayuda al corazón y a la asimilación del calcio. Casi todas las legumbres y los frutos secos contienen magnesio.

En cuanto a las vitaminas, son imprescindibles en los procesos metabólicos.

Tenemos dos grupos de vitaminas principales, las Liposolubles (A – D – E – K) y las hidrosolubles (C – B). Las liposolubles pueden resultar tóxicas si se consumen en exceso ya que son mucho más difíciles de eliminar. Lo bueno de las vitaminas hidrosolubles es que las eliminaremos por la orina sin problemas.

La Vitamina A es necesaria para el crecimiento y desarrollo normal de los tejidos, desarrollo fetal, mecanismos de defensa del cuerpo y visión nocturna. Se encuentra en el hígado, en los pescados grasos, en la yema del huevo, en los lácteos fortificados y en menor cantidad en los vegetales anaranjados, espinaca y brócoli.

La vitamina D es necesaria para la absorción del calcio y del fósforo. También es fuente natural por exposición solar. Se encuentra en el pescado graso, lácteos enteros y adicionados, huevo.

La vitamina E es un antioxidante que ayuda a mantener la membrana celular y prevenir la formación de coágulos, disminuyendo la viscocidad de la sangre. Se encuentra en el aceite de germen de trigo, girasol, maíz, oliva, en las frutas secas, en el repollo y el brócoli, así como también en los pescados grasos y en el huevo.

La vitamina k es una vitamina que tiene la propiedad de ser antihemorrágica y se sintetiza principalmente por las bacterias de la flora intestinal.

La vitamina C, por un lado estimula la absorción de hierro, por otro lado participa en la síntesis de colágeno para la cicatrización de heridas y la utilidad que más se conoce es para reducir el riesgo de infecciones. Se encuentra en el kiwi, la naranja, pomelo, mandarina, limón, frutilla, ají, tomate, berro, brócoli, coliflor. Por favor, dejen de tomar pastillas efervescentes de Vitamina C y consuman más frutillas, kiwis o rabanito, las pastillas efervescentes vienen con mucha cantidad de sales que no son buenas para el organismo en exceso.

Las vitaminas del grupo B, intervienen en el metabolismo de los nutrientes, mejoran el estado de la piel, las uñas y el pelo, dentro de estas la B12 es indispensable para formar los glóbulos rojos. Se encuentra en todas las carnes, en los huevos y en los lácteos y en muy pequeña proporción en los cereales y granos integrales.

De todo esto tenemos que rescatar que nuestro organismo necesita para vivir de un variado grupo de alimentos, cosa que venimos reemplazando por comidas simples, rápidas, llenas de hidratos de carbono que sólo nos aportan energía dejando al cuerpo un poco vulnerable para que, un día común y corriente, volviendo en el subte, te lleves la mano a la cara, y termines una semana roto en cama. Ahí te vas a acordar de mí y vas a empezar a comer más sano para curarse mejor.

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